• ¿El “Acuerdo del siglo”?

Hoy es un tema en discusión: ¿presentará Donald Trump en su próximo discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas su famoso y controvertido plan para la solución del conflicto árabe israelí, al que pomposamente – como suele hacer con casi todo – ha llamado “El acuerdo del siglo”?

Es que Trump repite una constante de otras actuaciones estadounidenses en el mundo: allí donde otros no han encontrado una solución, ellos tienen la fórmula para resolver definitivamente cada problema.

Es un leitmotiv a lo largo de la historia intervencionista de Estados Unidos.

El famoso articulista del New York Times Thomas Friedman nos ilustra, en su libro From Beirut to Jerusalem.

Al recordar la decisión de enviar marines a Beirut en 1983, en medio de la cruenta guerra civil , en la que tomaron parte de una forma u otra todos los países de la región, explica: “Los americanos miraron al Líbano, vieron que el país tenía un ‘Presidente’, un ‘parlamento’, y un ‘comandante en jefe’ (¿suena familiar?) y se dijeron a sí mismos, ‘Miren, tienen todas las instituciones correctas.  El único problema es que esas instituciones son muy débiles. Pongámonos a reconstruir el gobierno central y el ejército para que sean como nosotros’.”

Pero pronto se vieron envueltos en aquella enredada contienda y, a pesar de que, dijeron, guardarían distancia de todas las tendencias, casi sin darse cuenta dejaron de ser jueces para convertirse en parte. Friedman narra cómo generales, coroneles y altos funcionarios estadounidenses, totalmente confusos y parcializados, dieron la orden de alinearse con una de las facciones en conflicto: “Temprano por la mañana el 19 de septiembre, misiles cruceros Virginia, John Rodgers y Bowen, y el destructor Radford, bombardearon con 360 proyectiles de cinco pulgadas a las fuerzas druzas, sirias y palestinas”. Fue “el evento específico que convirtió a los marines, de fuerzas de paz neutrales, en otra facción libanesa, en la batalla por una oscura aldea del Chouf llamada Souk el Gharb”.

Un funcionario norteamericano en Beirut le dijo: “fue ‘una gran oportunidad para (Amin Gemayel) de lograr totalmente lo que quería’. Y lo que quería era convertir a los americanos  en una extensión de su disputa, y lo logró”.

La actitud, que se repite una y otra vez, resulta a veces de la ignorancia y otras de la arrogancia, o de ambas mezcladas.  La actual administración es una muestra mayúscula de esta combinación.


No hay acuerdo con el “Acuerdo”

Mahmoud Abbas

El “Acuerdo del siglo”, de hacerse público por Trump, no tiene virtualidad alguna.  Es una excelente forma de quedar mal con todo el mundo.

Por supuesto que con los palestinos.  Para ellos, como afirmó Mahmoud Abbas, la instalación de la embajada estadunidense en Jerusalén es una bofetada en el rostro de su causa.  A este hecho – anunciado por administraciones anteriores, que nunca se atrevieron a dar este funesto paso – se suma el negativo enfoque sobre el regreso de los refugiados.

El regreso de los refugiados es un tema tan complejo como central, y no afecta solamente a los palestinos expulsados violentamente de su tierra en 1948. Para estos, por supuesto, y aun cuando se sabe que muchos no tendrían condiciones materiales para regresar, se trata de un asunto de principios: del reconocimiento de que aquella tierra ocupada es su tierra, a la que tienen el mayor derecho.

Pero regionalmente, donde hay asentamientos de refugiados durante siete décadas, el tema también es de alta sensibilidad, en especial para el Líbano, donde el asunto tiene una significación compleja y delicada. 

Adicionalmente, la decisión de retirar el apoyo a la organización de Naciones Unidas a cargo de la atención a los refugiados, es otro portazo en el rostro de la causa palestina.

Con el resto del mundo árabe hay poco que acordar también. A pesar de sus posiciones actuales, de coincidencia con Israel en la agresividad hacia Irán, Arabia Saudita y los principados del Golfo no se atreverían a convenir en este tema, nada auspiciado por Estados Unidos, luego de que este ha cohonestado la pretensión israelí de consolidar a Jerusalén como su capital.

Ni siquiera sería sencillo lograr el apoyo israelí. En una encuesta reciente, Adrien Jeaulmes, reportero del diario francés Le Figaro, afirma: “…el plan de Trump no parece aceptable para los israelíes.  En estos días el primer ministro Benjamin Netanyahu es considerado un moderado cuando se le compara con el resto del gabinete israelí. Y la mayoría de los ministros no tienen interés de ningún tipo en ninguna negociación con los palestinos”.


Otra vez el apartheid

Otra vez el apartheid

Los acuerdos de Oslo, cuyas frustraciones son ya parte de una historia aleccionadora, serían brillantes si se aprobara el “Acuerdo del siglo”, “del cual no resultaría un estado palestino, ni Jerusalén oriental sería su capital real, ni remoción de los asentamientos de colonos, ni habría regreso de refugiados ni, en la variante de un único estado, habría derechos iguales para palestinos y judíos”, al decir de Karim Makdisi, profesor de la Universidad Americana de Beirut.

Y si se añade que, en términos de seguridad, las únicas fuerzas armadas serían las israelíes, estaríamos asistiendo a una reproducción, cruel y anacrónica, del desprestigiado esquema del apartheid sudafricano.

No, no  parece sensato ni lógico que Donald Trump anuncie nada semejante en su próximo discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas.

Pero ¿no mezcla el inextricable presidente de Estados Unidos, con mucha frecuencia, la ignorancia con la arrogancia?

Esperemos hasta entonces. Todo puede suceder.


Fuente: Al-Mayadeen

Sep 09, 2018 10:24 UTC
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