• Llamas del fuego de odio (especial con motivo del Día Mundial de la Mezquita)

El 21 de agosto de 2016 se conmemora el 47 aniversario del incendio de la mezquita de Al-Aqsa, en la en la ciudad palestina de Al-Quds (Jerusalén).

La mezquita, un sitio que se remota a siglos antes de Cristo, es uno de los recintos sagrados más respetados por todas las religiones celestiales.

La Organización de Cooperación Islámica (OIC), con la propuesta del país persa, denominó el día 21 de agosto como “Día Mundial de la Mezquita” con el propósito de crear un terreno para conmemorar y honrar este lugar del culto.

A las 7 de la mañana del 21 de  agosto de 1967, la mezquita Al-Aqsa fue incendiada con las llamas del odio y la envidia. Las columnas de fuego y humo se elevaron hasta decenas de metros hacia el cielo. Los criminales israelíes irrumpieron en la mezquita y le prendieron fuego. Fueron quemados los principales pilares donde se funda la cúpula de la mezquita y el techo se derrumbó. Fueron destruidas las decoraciones y demolidas algunas partes de la cúpula de madera, el mihrab (bóveda o pequeño espacio interno precedido por un arco, hecho en el muro de la qibla), la pared de la qibla (orientación hacia la Kaaba), las piedras de mármol del interior de la mezquita, las ventanas de yeso, las vidrieras, las alfombras y la inscripción de la aleya El Viaje Nocturno decorada con azulejos y oro que estaba instalada en la parte superior del Mihrab.

El fuego destruyó uno de los púlpitos preciosos e históricos que fue presentado por Sultan Saladino Yusef Ibn Ayoub en el siglo 12 después de la liberación de Beit al-Muqadas.

Como es natural, la gente de todas las  ciudades y aldeas cercanas se dirigieron a la mezquita. Pero, el primer grupo de la gente al llegar al escena del incendio se encontraron que todos los puntos de acceso a la mezquita habían sido bloqueados y el fuego se extendió por toda la mezquita. Agentes de policía fueron desplazados en el lugar sagrado para frenar a los agitadores pero no hicieron nada. Las bombas hidráulicas que siempre se utilizaban para llevar agua desde el pozo, no funcionaban. Pasado un tiempo, los servicios de bomberos de los municipios de Hebrón, Belén, Jenín, Ramallah y Tulkarem se dirigieron hacia la mezquita, pero el jefe de bomberos de municipalidad de Al-Quds, que era sionista, les impidió la entrada a los bomberos árabes, sin embargo, el jefe de bomberos de Al-Jalil (Hebrón), ignorando la prohibición, logró apagar el fuego.  

El régimen usurpador de Israel, al principio, adujo que el incendio se produjo por una falla eléctrica, pero comenzaron a propagarse informes que apuntaban a los israelíes como  responsables del siniestro. Israel, para calmar esta reacción, culpó de esta catástrofe a un turista no judío australiano llamado Michel Dennis Rohan. En el tribunal Rohan confesó su crimen, sin embargo, las fuentes israelíes declararon que debido a que este hombre sufría una enfermedad mental, había sido puesto en libertad y exiliado en Australia para que se trate de su enfermedad cerca de su familia.

Rohan fue arrestado el 23 de agosto de 1969 por la policía israelí, que lo protegió y le otorgó un trato privilegiado pues evitó que cumpla su arresto en una celda por su crimen de lesa humanidad. El 14 de mayo de 1974, el terrorista Rohan fue juzgado e ilegalmente declarado “loco”, luego, hospitalizado en una institución para enfermos mentales israelí. A las pocas semanas, el régimen sionista lo envió a su país natal, Australia, alegando “razones humanitarias y para su posterior tratamiento psiquiátrico cerca de su familia”.

Sin embargo, todo el mundo sabía y sabe que el incendio de la mezquita fue un complot y conspiración planeada por el régimen sionista. Actos para dilatar que el fuego sea apagado como el corte del suministro de agua y los retrasos en la puesta en marcha de las bombas de agua, junto a evitar la entrada  a los bomberos musulmanes de otras ciudades palestinas a la mezquita, todo esto confirma la verdad, es decir, la mano israelí en esta calamidad.

El gran Imam chií Musa Sadr, líder de comunidad de la Resistencia de El Líbano, en una entrevista con el diario local Al Jarideh, después de la quema de la mezquita, declaró “el responsable del fuego es Israel. Por más que el régimen de Tel Aviv intente cubrir u ocultar la verdad, toda la responsabilidad derivada de este acto, se dirige hacia sí mismo. Nosotros estamos tratando desde hace mucho tiempo que en periódicos y revistas se hable sobre la restauración del templo de Salomón (en lugar de mezquita Al-AQSA) y eso refuerza los sentimientos racistas en nombre de la religión. Hace menos de dos años, el diario The Time publicó un artículo donde el autor presentó la pregunta de que cómo es posible el cambio de nombre de la mezquita Al-Aqsa a Templo de Salamon. Sin embargo, él mismo respondió con la hipótesis de que tal vez podría crearse el terreno si la mezquita es quemada. Ese sueño se ha materializado. Este artículo todavía existe. Además, en este caso observamos el retraso y la debilidad a fin de dilatar las medidas para apagar el incendio. Incluso, en cualquier país pobre, la organización contraincendios y sus bomberos habrían podido apagar ese fuego en unos minutos”.

El Consejo de Seguridad de la ONU, debido a los enormes daños de la mezquita, no pudo resistir más y emitió una resolución declarando que “cualquier acto de sabotaje en los lugares sagrados y la ciudad religiosa de Al-Quds (Jerusalén) que ponga en peligro la paz y la seguridad de esta ciudad, está prohibido”. La resolución también condenó al régimen usurpador de Israel por violar la ley internacional. Después del incendio y las protestas del mundo musulmán, a menos de un mes, en septiembre de 1967, se formó la Organización de Cooperación Islámica (OCI) y anunció su existencia.

El nombramiento del Día Mundial de la Mezquita no solo recuerda la quema de la mezquita de Al-Aqsa, sino también es una oportunidad para atender la función de estos lugares de culto. Desde la primera mezquita que fue establecida en Medina por el Profeta del Islam (P) hasta la fecha, toda la actividad religiosa se centra en la mezquita. Es decir, no se pueden encontrar actividades y operaciones asociadas o relacionadas con la religión islámica que no estén vinculadas a la mezquita. Donde hay musulmanes, existe una mezquita.

No obstante, las mequitas han sido siempre objeto de amenazas. Quien está en contra de la rápida propagación del Islam en el mundo, sobre todo en Europa, no escatiman esfuerzos y manifiestan su enemistad con bombardeos y prendiendo fuego a las mezquitas. De hecho, la ola de islamofobia también ha enfrentado a los centros islámicos y las mezquitas con amenazas y ataques. Por ejemplo, en Alemania, en los primeros seis meses del 2015, al menos 23 veces fuimos testigos de ataques contra mezquitas y centros islámicos. En otros países, se niega a los musulmanes el permiso para construir mezquitas e incluso se imponen planes de seguridad que incluyen controles estrictos y restricciones en las mezquitas y sus imames. No obstante, esto es solo una parte de lo que está sucediendo. En la otra parte, el régimen de Al Saud, que se autoproclama islámico, está construyendo hermosas y lujosas mezquitas pero  no detiene el bombardeo de las mezquitas en Yemen incluso con fieles dentro. Además, no duda en destruir mezquitas en Baréin. Al Saud y Al Jalifa han derrumbado hasta el momento más de 25 mezquitas y provocado daños graves a otras 253.
Junto a estas dos corrientes destructoras, el Occidente acompañando a sus aliados en Oriente Medio, mediante una acción planificada e inhumana, ha creado diferentes desviados grupúsculos terroristas para arremeter contra la base del Islam. El grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe) es el perfecto ejemplo de este comportamiento.

En resumen,  aunque hoy en día muchas mezquitas están en riesgo de sufrir incendios o de ser destruidas, los musulmanes más unidos que nunca siguen construyendo nuevas mequitas y no permitirán que ocurra ninguna acto que debilite el verdadero Islam

 

Aug 21, 2018 12:14 UTC
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