Con motivo del aniversario del nacimiento del gran profeta del Islam, el Hazrat Mohamad (la paz sea con él y sus descendientes) les felicitamos e invitamos a escuchar un programa al respecto.

Por fin, tras muchos siglos de esperanza, el mayor guía del hombre llegó al mundo. Apareció el mejor creyente de Dios y empezó a llover una lluvia de bendiciones. Los astrónomos juraban haber visto una brillante estrella que, con su luminoso resplandor, cambiaría el mundo. En ese momento, Mohamad nació como un halo de luz. Con su advenimiento, el desierto de la negligencia se convirtió en un jardín de amabilidad y conocimiento y se ordenó la inquieta vida humana.

 

El mensajero de Dios nació en la madrugada del 17 de Rabi' al-Awwal (tercer mes del calendario islámico) en la casa de una devota familia de la santa ciudad de la Meca para llenar los corazones con el aroma de la fe. Amene, la madre del Profeta, recuerda: "Cuando Mohamad nació, toda la habitación estaba colmada de luz. Los ángeles bajaron y me rodearon y yo sentí una agradable tranquilidad. Mi hijo nació. Su rostro era como el de su padre, Abdulá, aunque era más guapo. Su frente estaba iluminaba. Con una mano sobre la tierra y la otra dirigida al cielo, testificó la unidad de Dios. Los ángeles lo abrazaron y me felicitaron y me sirvieron una bebida muy agradable". Abdulmotaleb, padre de Abdulá, visitó a Amene. Abrazó al iluminado niño y lo llevó a la mezquita Al Haram para agradecer a Dios por haber regalado tal hijo a su familia. En la Kaaba, mientras entraba, de repente el niño abrió sus labios y dijo: "En el nombre de Dios". En ese momento se escuchó una voz: "¡Oh  gente del mundo!, vino la verdad y se destruyó la falsedad y la falsedad siempre será destruida".

 

Cuando Mohamad tenía 12 años fue a El Levante con su tío Abutaleb para un viaje comercial. En el camino, la caravana fue a un monasterio para descansar. En el monasterio, un monje devoto llamado Bahira recibía a los viajantes. Los que iban en la caravana entraron y el monje preguntó: "¿No falta nadie más?". Abutaleb respondió que solo un adolescente que estaba afuera. Bahira solicitó que el chico entrara. Cuando Mohamad entró, Bahira se sorprendió y dijo que tenía una pregunta: "Dime la verdad por las grandes diosas Al-lat y Uzza". Mohamad respondió: "Esas dos son las más desagradables para mí". Bahira dijo: "Dime la verdad, por el gran Dios". Mohamad dijo: "Yo siempre digo la verdad". Bahira preguntó: "¿Qué es lo que más te gusta?". Mohamad respondió: "La soledad". Bahira preguntó: "¿Cuál paisaje te gusta más?". Mohamad dijo: "El cielo y las estrellas". Después de algunas otras preguntas, Bahira solicitó ver los hombros de Mohamad, pues se había dado cuenta de que Mohamad era el mismo profeta de quien había informado Jesús. Después, preguntó con mucha emoción. "¿Quién es el padre de este hijo?". Abutaleb respondió: "Es mi hijo". Bahira dijo: "No. El padre de este hijo no debe estar vivo". Abutaleb se sorprendió y preguntó: "¿Cómo lo sabes?". Bahira miró la amable y sincera cara de Mohamad y respondió: "El futuro de este joven es muy importante. Si los demás ven y entienden lo que yo veo en él, lo van a matar. Cuídalo que es el último profeta de Dios".

Mohamad (P) sufría siempre de ver el ambiente contaminado de su comunidad. Cuanto más aumentaba su perspicacia y la profundidad de su pensamiento, encontraba una mayor brecha intelectual entre sí mismo y su gente. La mayor parte del tiempo se la pasaba en el monte Hara, allí se dedicaba a rezar, mientras pensaba en el mundo. El Profeta (P), tenía 40 años, cuando el misionero de la revelación llegó a Hara y recitó las primeras aleyas del sagrado Corán a sus oídos:

¡Lee! En el nombre de tu Señor, Quien creó todas las cosas.

El Mensajero de Dios consideraba que la prosperidad de la humanidad se basaba en la moralidad y la unidad y la solidaridad de la gente, por lo que unió a las tribus en conflicto y, en la nueva religión, la amabilidad sustituyó al odio y la intriga. En el primer año de su llegada a Medina, con la mejor iniciativa, estableció un tratado de hermandad entre todos los musulmanes, incluidos mujeres y hombres. Un tratado basado en la justicia y la cooperación social.

 

Todos los profetas divinos tienen una imagen encantadora y comprensiva, y destaca la honestidad y confianza en su comportamiento. La gente siente el brillo y la veracidad que emana de ellos y atestiguan la vida y el amor bajo la luz de su mirada. Son gobernantes de los corazones y, con el poder y la influencia de su fe, dirigen las grandes caravanas humanas. Y Mohamad (P), el último de los embajadores divinos que completa la misión de los profetas anteriores, dijo: "He sido elegido para completar la dignidad moral" y, en este sentido, el sagrado Corán elogia su excelente moral y le recuerda que si no es amable, todos se alejarían de tu alrededor. Su amabilidad sorprendió a todos.

 

En su camino, todos los días un judío tiraba cenizas desde el techo de su casa sobre su cabeza. Pero el caminaba en silencio. Un día pasó por esa casa y el hombre no tiró cenizas, el Profeta se dio cuenta de que el hombre estaba enfermo. Entonces fue a visitarlo. Se sentó al lado de su cama, como si no hubiera sido hostigado por este hombre. El hombre judío estaba emocionado por tal comportamiento del profeta Mohamad.

Se puede decir que las enseñanzas y las pautas del Profeta son exactamente lo que hoy en día requiere la humanidad para salvarse de la turbulencia de los disturbios, el caos y la corrupción. Y sin duda, el hombre que busca la paz y la convivencia pacífica, solo puede dibujarse un claro futuro bajo la luz de las enseñanzas de ese patrón divino.

Felicitamos una vez más el aniversario del nacimiento el gran profeta del Islam, el Hazrat Mohamad (P).

 

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Jul 09, 2018 17:40 UTC
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