• Rohingya: la minoría más oprimida del mundo (1)

En el país donde un colectivo lo considera como su casa, Myanmar (Birmania), se les prohíbe casarse o viajar sin permiso de las autoridades y no tienen derecho a poseer tierras o propiedades. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la crisis de los rohingya es una de las más largas del mundo y también una de las más olvidadas.

Los rohingya son considerados una de las minorías más agraviadas y oprimidas en el mundo. Está creciendo la represión casi diaria en contra de los rohingya  mientras no hay ninguna noticia al respecto en los medios de comunicación, en realidad, el mundo los ha olvidado. Pero ¿dónde viven y cómo pasan sus días y noches?


En enero de 2017, la imagen de un bebé de 16 meses rohingya muerto en un río conmocionó al mundo. Era la fotografía de un niño que perdió la vida al cruzar un río al intentar huir de su país. Mohammed Shohayet fue una de las últimas víctimas de la crisis de refugiados rohingya, una de las comunidades más perseguidas en el mundo que se ve obligada a abandonar Myanmar hacia Bangladés. Durante la travesía, la madre y el hermano mayor del niño también murieron.

La foto del niño rohingya recuerda a la del pequeño sirio Aylan Kurdi quien también perdió la vida intentando cruzar el mar para llegar a Europa. Su cuerpecito fue encontrado en un estado similar en una playa de Turquía en 2015. Era una imagen que advirtió del problema de la crisis de inmigración y que  revelaba la tragedia de las guerras civiles en todo el mundo. Casi dos años después de la muerte de Aylan, otra foto similar está en Internet, esta vez la de un bebé rohingya.
 
Mohammed pertenecía a la etnia musulmana rohingya de Myanmar. Su familia huía de la policía birmana que constantemente está involucrada en una especie de "limpieza étnica". Al tratar de cruzar el río Naf en la frontera con Bangladés, hubo un naufragio y el pequeño se ahogó. Igual suerte corrieron su madre, un hermano de tres años y un tío. El padre de Mohammed, Zafir Alam, el único sobreviviente del naufragio, dijo esto sobre la pérdida de su esposa y sus dos pequeños hijos: "Cuando veo esa foto, me siento morir. Ya no hay ninguna razón para que yo siga viviendo en este mundo”.
 
El gobierno de Myanmar considera a los rohingyas inmigrantes bengalíes (en Bangladés), sin embargo, según declaraciones de numerosos observadores internacionales, este pueblo es nativo de la provincia de Rajine (en el oeste de Myanmar) conocido anteriormente como Arakan. El padre de Mohammad afirmó: "El ejército de Myanmar ha bombardeado nuestro pueblo desde sus helicópteros, como los soldados nos disparan directamente, no podíamos seguir en casa, entonces decidimos huir y  escondernos en el bosque. Mi abuelo y... mi abuela fueron quemados vivos. Nuestro pueblo fue incendiado por los militares. No quedó nada. Caminamos durante seis días sin pegar el ojo, tampoco comimos durante cuatro días. Teníamos que cambiar de lugar porque los soldados buscan a los rohingya", agregó el padre de la familia.
 
Finalmente Zafir Alam se separó de su familia y se adelantó para organizar un  viaje hacia Bangladés. Allí, en la frontera fue en busca de un barquero que lleva a refugiados de Myanmar. Alam también dijo que tuvo que cruzar el río Naf a nado para encontrar a pescadores bangladesíes y pedirles ayuda para rescatar a su familia. El 4 de diciembre, llamé a mi familia. "Estaban muy desesperados", dice Zafar Alim. "Fue el último contacto con mi familia. Mientras hablaba con mi esposa oí la voz de mi hijo menor. Te llamo después", le dije. Apenas unas horas después de esta conversación, se puso en marcha una operación de rescate para la familia de este hombre  otros refugiados de Myanmar. Pero cuando la policía birmana se dio cuenta de eran refugiados, comenzaron a disparar contra los miembros del grupo étnico que intentaban cruzar, entre ellos los familiares de Alam. El barquero decía a los refugiados que se dieran prisa. Muchas personas entraron en el barco y, por exceso de peso, se hundió”.
 
Este padre de familia declaró que, tras una llamada al día siguiente fue informado del incidente. "Alguien me llamó y dijo que habían encontrado el cuerpo de mi hijo. Me enviaron al teléfono una imagen. Yo estaba totalmente sorprendido", dijo. Esto sucedió con el pequeño Mohammed  que fue encontrado por los equipos de rescate boca abajo sobre un fondo de arena, sin vida. El hombre que envió la foto del niño muerto le dijo al padre de Mohammed: "Me sorprendió tanto que parecía una película".
 
La historia de esta familia recuerda los acontecimientos dolorosos que experimentan todos los días las familias rohingyas. De acuerdo con datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), cerca de 34 000 rohingyas han huido de Myanmar a Bangladés en los últimos meses a través del río Naf. El padre de Mohammad dice, "sólo el río puede decir cuántos rohingyas se han ahogado en sus aguas".

A pesar de que los rohingyas son la minoría más oprimida en el mundo y la violencia sigue creciendo en contra de ellos, no hay ningún lugar en los medios que se hable de este asunto. Sin embargo, ¿cómo es la vida de estas personas? Myanmar, la antigua Birmania, uno de los países más pobres del sudeste de Asia, fue una antigua colonia del Reino Unido hasta su independencia en 1948. Los musulmanes de Myanmar hicieron una importante contribución al movimiento de independencia y resistieron contra los colonizadores británicos. A causa de esta misma resistencia Londres adoptó una política separatista de división operada e incitada por los budistas en este país para eliminar el poder de los musulmanes. En 1942, los budistas, con el apoyo británico, masacraron brutalmente a los musulmanes. En 2012, dos olas de violencia, en junio y octubre, orquestadas por grupos extremistas de la mayoría budista en Rajine provocó unos 140 muertos, cientos de casas y edificaciones musulmanas destruidas y unos 100.000 desplazados.  De acuerdo con las estadísticas del gobierno birmano, ahora 800 mil musulmanes rohingya viven en Myanmar y forman el 4 por ciento de la población del país. Sin embargo, teniendo en cuenta las políticas racistas e inhumanas del gobierno, no se puede confiar en esta información. Entre tanto, fuentes independientes hablan de un número mayor, algunas estadísticas apuntan a 15 millones. La violencia y los delitos de los budistas y fuerzas gubernamentales  contra los musulmanes de Myanmar en las últimas décadas han provocado una diáspora de al menos un millón de rohingyas  que se han dirigido a diversas partes del mundo para evitar una muerte colectiva. 1978, el número de musulmanes que fueron expulsados a Bangladés sumaba 300 mil. En 1988, se estima que era 150 mil, en 1991, 500 y en 1992 1000. En los años 70, los rohingya conformaban una minoría legal en Birmania, pero después de una reforma constitucional en 1982, el gobierno militar privó a los rohingyas musulmanes de la ciudadanía de su país. Fue entonces que estalló el maltrato hacia los musulmanes y se les negó sus libertades individuales y religiosas y otros derechos humanos. Cientos de miles de musulmanes oprimidos empezaron a huir a los países vecinos. Después de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos, el gobierno birmano endureció la presión inhumana contra esta etnia, lo que evidencia la influencia occidental en relación con los musulmanes. Tanto las Naciones Unidas y las organizaciones de derechos humanos exigen que las autoridades de Myanmar revisen la Ley de Ciudadanía de 1982 para asegurar que este colectivo no continúe sin patria. Esa es la única manera, dicen, para combatir las raíces de la discriminación en contra de esta antigua etnia. De acuerdo con informes, muchos budistas en Myanmar ni siquiera reconocen el término rohingya y les llaman "bengalíes musulmanes", una alusion a la visión oficial de que ese colectivo está formado por inmigrantes provenientes del vecino Bangladés. No obstante el asunto no es solo social. Las largas décadas de aislamiento y la injusticia crónica impuesta por la junta militar de Myanmar ha creado un prejuicio y resentimiento en el estado de Rajine, donde se ha fermentado un clima de sospecha venenosa y falta de información. Claro que, además de la separación física de los musulmanes y budistas, también hay una extrema segregación psicológica. Pueblos que habían sido destruidos en los ataques violentos de junio de 2012 fueron arrasados por completo durante el recrudecimiento de la violencia en octubre. Miles de rohingyas terminaron en campos donde no reciben ninguna ayuda del gobierno y viven en extrema pobreza. En junio de 2012, cientos de budistas atacaron un autobús que transportaba a un número de musulmanes de una mezquita situada en Karen. Los seguidores de la escuela budista, promotores de la meditación, la serenidad y la bondad, asesinaron cruelmente a 8 rohingyas. Un testigo en el caso de este brutal crimen dijo: "los monjes budistas, luego de matar a los musulmanes ponían sus  cuerpos en la carretera y festejaban". En agosto de 2012, el número de muertos, es decir, unos dos meses después del inicio del genocidio, superó las 20 mil personas. Fuentes independientes han sido incapaces hasta ahora de encontrar un motivo convincente y claro que justifique la limpieza étnica que impulsan los budistas, aun cuando saben que los musulmanes de este país nunca han ejercido violencia contra ellos. Ellos nunca han puesto a los gobiernos extranjeros en contra del gobierno birmano y no hay evidencia histórica de la traición de las mujeres de esta minoría, pero las chicas rohingyas son violadas en masa. Además los budistas obligan a los musulmanes a la práctica de acciones que, según su religiñón, son consideradas ilícitas y no éticas, como por ejemplo decidir entre comer carne de cerdo y beber vino o la muerte; algunos han optado por la muerte de este tipo de historias rohingyas.  La historia de los musulmanes rohingya es muy dolorosa y conmociona a muchos veteranos de los derechos humanos que consideran la situación que atraviesa esta etnia como una de las peores formas de violación de los derechos humanos. El jefe de un grupo de cuatro inspectores del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), Linney Aroidson, dijo: "francamente, no fue posible entrevistar a estas personas y escuchar sus testimonios y sufrimiento. Pero el aumento de la violencia contra la población rohingya en el estado de Rajine, en el norte de Myanmar, es de un nivel de deshumanización y crueldad. Es indignante e inaceptable, afirma en un informe realizado por el equipo de la ONU tras entrevistar a los últimos 204 hombres y mujeres rohingyas que habían huido en octubre de 2016 de Rajine a Bangladés. La mayoría de los encuestados dijeron que conocían a otras personas que habían sido violadas, asesinadas o estaban desaparecidas. "Nunca he visto que en poco tiempo, una conversación estuviera llena de tantas violaciones graves", manifestó asombrado.
 
 
El investigador de derechos humanos de la ONU reconoce que los informes relativos a homicidio, violación, palizas y acoso a los musulmanes por las fuerzas policiales y de seguridad en Myanmar son muy impactantes.

 

Mar 01, 2017 07:19 UTC
Comentarios