Sep 21, 2019 14:00 UTC

ParsToday-  Entrevistador (E): Estimados oyentes saludos desde Teherán, en esta oportunidad tenemos el honor de contar con el análisis del analista en temas políticos Juan Alberto Sánchez Marin (JASM), quien nos atiende desde Colombia para abordar los recientes movimientos en el tablero de ajedrez de Venezuela.

EE.UU. y otros 11 miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) vetando la propuesta de Costa Rica, Perú y Chile que excluía el posible uso de la fuerza en el caso de Venezuela, aprobaron el miércoles el mecanismo del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) contra la nación bolivariana, es decir la aplicación de pacto de defensa mutua, que data de la Guerra Fría, el cual brindaría un marco legal para una eventual intervención armada en Venezuela.

¿La medida de OEA es legal o no, teniendo en cuenta que Venezuela no pertenece ni a la OEA ni al TIAR? 

JASM: Primero que todo, un saludo muy atento para ti, Nancy, y un saludo especial para los oyentes, para las personas que siguen con atención a ParsToday, un medio que siempre ofrece otra perspectiva de los acontecimientos, otros ángulos de análisis y reflexión.

En cuanto a tu pregunta, acerca de la legalidad o no de la invocación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, el TIAR, en mi criterio, esto no es sino una situación más del sainete que los EEUU y varios de sus países aliados, léase secuaces, vienen montando contra el gobierno de Venezuela.

El TIAR tiene de legalidad tanto como la OEA tiene de legítima. Es decir, nada. Nada de nada. Un tratado maquinado por Washington desde 1947, que impregnó con los objetivos particulares estadounidenses (particulares, militares y geoestratégicos) lo que sería un año después la OEA.

Y todo eso, conferencias interamericanas, conferencias panamericanas, TIAR, OEA, en fin, no son sino derivaciones del viejo cuento estadounidense de comienzos del siglo XIX: “América para los americanos”. La consigna lapidaria de la Doctrina Monroe, que ha sido tan funesta para la región latinoamericana.

Así que no estamos ante un mecanismo de Justicia, sino frente a algo muy parecido al sainete español, un drama costumbrista, teniendo en cuenta la costumbre intervencionista de los Estados Unidos, que sería también jocoso si no fuera por el peligro que puede representar en determinado momento.

Ni el TIAR ni la OEA le han servido a ningún país latinoamericano para evitar nada ni para defenderse de nadie, sencillamente, porque yace el monstruo en las entrañas. No está en Europa u Oriente, no es Rusia, tampoco China. Son los Estados Unidos. El riesgo real es el mismo país que creó los organismos, que los impulsa y controla. A la hora de la verdad, tales organismos no son más que sus cámara de eco, mediante los cuales avala atrocidades, retoca los abusos y le da un cariz de rectitud a los desafueros. Los mercenarios los ha traído la CIA, los desembarcos son de Marines yanquis, las desestabilizaciones las empaqueta la USAID, las conspiraciones se fraguan en las embajadas estadounidenses. Y así.

Ahora bien, tampoco es que ahora las cosas estén mejor que antes para los Estados Unidos. En los recientes tiempos del espectáculo del Grupo de Lima, de la confabulación del club de té y canasta de Lima, cuando todos a una contra Venezuela, Estados Unidos, Colombia y los demás del clan consiguieron dieciséis votos en la OEA. Ahora ni eso. Se activa el TIAR por doce votos, cinco países se lavan las manos, y uno, Bahamas, por las calamidades naturales, estuvo ausente. Así que la farsa, como el cangrejo, marcha hacia atrás.

Eso sí, tampoco puede perderse de vista que aquí no hablamos de legalidad. Cada que se trata de hacer de todo contra todos, Estados Unidos invoca la Seguridad Nacional, un abracadabra que está por encima de cualquier legislación internacional y que otorga licencia para matar individuos, procesos, pueblos, países.

E: Hasta ahora EEUU y sus aliados incluso regionales aglutinados en el Grupo de Lima, que apoyan a la oposición, ha utilizado una serie de medidas para derrorcar a Maduro, desde sanciones, tratar de poner a un usurpador del poder, Juan Guaidó, ahora recurre a la OEA,  ¿cómo evalúa esta medida?

JASM: Doce gobiernos de América Latina afirman que el gobierno del presidente Maduro constituye una amenaza para la paz y la seguridad regionales. Doce gobierno de América Latina, de lo más desprestigiado de la región, por corruptos, por criminales, chantajeados y supeditados a las órdenes de Washington, que ahora nos los presentan como líderes decentes.

¿Y quién solicita la activación del TIAR? El gobierno colombiano. El gobierno de Álvaro Uribe Vélez, ahora ejercido en cuerpo ajeno, a través de un ajado personaje que cree que liderando una abyecta campaña contra el gobierno vecino disimula los estragos que está causando en el país propio. Un presidente de quinta que tapa el sol con un dedo y que espera que el país le crea, sostiene que el gobierno vecino es una amenaza para la seguridad cuando él mismo le mete candela a un acuerdo de paz que le tomó al país más de seis décadas lograrlo, afirma también que el gobierno vecino es una amenaza para la paz cuando su gobierno no hace nada para frenar el asesinato de excombatientes y de líderes sociales, y cuando más bien alienta y justifica, al igual que su jefe, las salvajadas de sus partidarios.

Si nos detenemos y miramos con cuidado al resto de los gobiernos que avalan la insensatez del TIAR, pues la cosa no mejora. La Argentina de Macri, el Brasil de Bolsonaro, el Chile de Piñera, El Salvador de Bukele, la Guatemala Morales, el Paraguay de Benitez. Por supuesto, cómo no, los Estados Unidos. Y los delegados del autoproclamado Juan Guaidó, los golpistas que la OEA sienta a manteles. Un autoproclamado que sale a hurtadillas y por trochas de su país, escoltado por Los Rastrojos, un cartel de matones, sicarios y narcotraficantes que efectuó un paro armado para facilitar la excursión del hampón golpista.

Es una farsa. Inquietante, peligrosa, lo que se quiera, pero farsa. La OEA ha callado cuando se ha pedido a gritos, aunque fuera, un pronunciamiento. Como en el caso del asesinato del presidente chileno Salvador Allende, o de golpes militares, como los de Granada, Haití, el de Honduras, mucho más acá, contra Manuel Zelaya.

La OEA miró para otro lado cuando los EEUU invadieron a Panamá y asesinaron a más de tres mil personas. Lo mismo que durante la invasión a Guatemala, o cuando sus mercenarios intentaron invadir a Cuba por Playa Girón.

Es claro que la invocación del TIAR sigue la línea de profundizar el aislamiento contra Venezuela, en todos los aspectos posibles. La OEA la han jugado en lo diplomático, y no ha servido. El Grupo de Lima en lo mediático, y no ha podido ser más inútil. Y Prosur, otro desespero estéril.

Ahora el TIAR. Como lo dijo el presidente de Bolivia, Evo Morales, si eso ha de servir para algo, que sirva para que los ingleses devuelvan las Malvinas de una vez por todas.

E: Dejame marcar que hay un rechazo a una guerra en la región incluso el Gobierno de Lima se ha opuesto y es posible que si gana Alberto Fernández en Argentina su postura a favor del golpismo en Venezuela cambie. ¿Qué posibilidades ve de que concrete una medida militar con Venezuela, de hecho, el presidente Nicolás Maduro ha activado la alerta naranja y desarrolla ejercicios militares?

JASM: Yo creo que esto del TIAR, sin descartar que gobiernos dementes siempre es posible que en cualquier momento emprendan alguna acción demencial, por mano propia o a través de estos gobiernos serviles, o de mercenarios, o de paramilitares, sin descartar esa eventualidad, yo pienso que los EEUU más bien hacen los último intentos por no dejar enterrar el muerto.

Como tú bien lo dices, los EEUU lo han intentado todo. Y todos los mecanismos puestos en marcha no sólo han resultado frustrantes, sino que en todos han hecho el ridículo.

A tal nivel, que no fue poca la ayuda de tantos fiascos para la salida del halcón mayor, el señor John Bolton. Y no creo que el señor Elliot Abrams tarde mucho en seguirlo. Los principales adalides del fracaso. Y de cerca debería seguirlos el señor Almagro, otro de los tantos señores de las guerras del pasado que merodean por la diplomacia y los organismos estadounidenses, como la referida OEA.

No creo ni quiero creer que pueda ser factible una invasión militar a gran escala contra Venezuela. No, al menos, en el sentido habitual. Pero un asedio extremo y una embestida intensa soporta la República Bolivariana desde hace tiempo, por demás, con grupos paramilitares que controlan buena parte de la frontera y que contribuyen en buena medida al desangre de la frontera.

Grupos paramilitares y sus heredades sicariales, narcotraficantes, contrabandistas, que actúan de manera organizada, sistemática y, según muchas denuncias, con la anuencia de autoridades locales y regionales, y policiales y militares de ambos lados de la frontera.

Unas estructuras que han sido un flagelo económico en el pasado y que cada vez representan un riesgo mayor de desestabilización para Venezuela, una amenaza dirigida y organizada desde los altos niveles del gobierno y de la oligarquía colombiana. ¿Una invasión? ¿Un ataque militar directo? No hacen falta.

E/NL

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