Jul 12, 2020 00:33 UTC

Parstoday- Entrevistador (E): Hola qué tal queridos oyentes bienvenidos a un nuevo programa de Entrevistas, que trasmitimos los domingos y miércoles. Este programa se ocupa de política internacional sobre temas que muchas veces ciertos medios masivos no tocan. Ahora vamos a consultar al analista Juan Alberto Sánchez Marín (JASM), quien desde Colombia nos hablará sobre la acusación contra el depuesto presidente boliviano Evo Morales por supuesto delito de terrorismo y el llamado a su detención pr

E: En contexto, a Fiscalía de Bolivia, donde rige un gobierno de facto, acusa formalmente a Evo Morales por supuesto delito de terrorismo y pide su detención preventiva.

En la imputación se acusa al depuesto mandatario de haber coordinado con el dirigente cocalero Faustino Yucra, mediante una llamada telefónica, el bloqueo de alimentos y cerco a las ciudades durante los conflictos de noviembre del año pasado.

Juan Alberto ¿Qué busca con esta medida en medio de época electoral donde los sondeos favorecen al MAS, el partido de Morales?

JASM: Un cordial saludo, Nancy, un gusto la ocasión de participar en este espacio y la posibilidad de compartir con la audiencia algunas ideas en torno a la situación grave que afronta el pueblo boliviano en los actuales momentos.

En relación con tu pregunta, puedo decirte que la señora Janine Áñez busca exactamente lo mismo que ha buscado desde que dio el golpe de Estado contra Evo Morales y se autoproclamó presidenta, y es evitar la vuelta al poder del gobierno derrocado, de su agrupación política, el MAS, y de todo lo que Morales y el movimiento representan.

Con ese propósito ayudaron a Áñez a tomarse la presidencia una serie de fuerzas que coincidían en el rechazo al gobierno legítimo de Evo, y, también, algunas figuras oportunistas, que esperaban pescar prebendas en río revuelto en que se convertiría el país.

Se trató de una operación mancomunada en la que participaron fracciones políticas, gremios económicos, destacamentos militares y policiales, y medios de comunicación. Fuerzas confabuladas del ámbito interno, pero, también, otras de orden externo.

La característica diplomacia de intervención estadounidense, que ha operado en Bolivia desde el momento mismo en el que Evo Morales asumió la presidencia. Y la injerencia directa de algunos organismos internacionales. La OEA, por ejemplo, cuyo papel fue en verdad patético, al justificar los pretextos del golpe, y hacerlo a partir de una mentira, hablando de un fraude electoral, que apenas meses después reconocería como inexistente.

Así, pues, tuvimos a las avanzadas mafiosas y paramilitares de Santa Cruz, con Fernando Camacho a la cabeza; a las élites tradicionales, representadas por Carlos Mesa, y, tras las cortinas, a Jorge Quiroga, el “Tuto”, delfín del sanguinario dictador Hugo Banzer. Vaya coincidencia, el general de ascendencia alemana que lavó capitales nazis ocultos y gran aliado de los escraches croatas. Lo que pasa es que, a todos esos intereses, con el paso del tiempo, se le fue sumando uno con el que no contaron esas fuerzas iniciales aglutinadas y pegadas con babas, y que son las grandes ambiciones de la señora Áñez. Evidentes desde los primeros días, y crecientes a medida que ha dejado pasar las semanas y los meses sin convocar a elecciones.

Unas elecciones con tiempos claramente estipulados por la Ley, a las que el gobierno de facto les ha sacado el cuerpo por una razón elemental: no puede darse el lujo de seguir las reglas del juego democrático porque pierde el poder usurpado.

Lo perderían la señora Áñez y los secuaces que la acompañan, pero, de paso, se les daña el caminado a todos aquellos sectores beneficiarios de sus medidas antisociales, o de los chantajes que ejercen sobre su gobierno corrupto e ilegítimo, en donde figuran instituciones de todos los pelambres, empezando por la militar.

De volver el gobierno a manos del MAS, se les complicaría la existencia a grandes compañías locales de sectores muy diversos, como las del gas, por ejemplo, y para mencionar una sola, a la de la familia de Camacho, en Santa Cruz, pero estos importantes capitales son apenas las monedas.

En suspenso quedarían grupos financieros y corporativos trasnacionales, y gobiernos que le apuestan a los grandes recursos del país, como el estadounidense, o a las sobras, como los europeos. Y acá si no hablamos de fruslerías, sino, digamos, de litio, un metal clave para el desarrollo tecnológico del futuro. De ahí la necesidad insoslayable del gobierno golpista por asegurarse el triunfo.

Dado que en las urnas es poco probable que lo consiga, la sucesiva postergación en la fecha de la convocatoria a elecciones, que encontró una coartada en la pandemia de la COVID-19, es aprovechada para efectuar componendas y diseñar estrategias que impidan la llegada al poder de Luis Arce Catacora, nada menos que el ministro de Economía de Morales, y sin duda unos de los principales artífices del sostenido crecimiento económico del país durante la última década.

De ahí que sea tan relevante acusar a Evo Morales, no de cualquier cosa, sino de terrorismo, algo grave, que por algún vaivén jurídico le podría permitir al gobierno de Áñez descalificar al Partido opositor, al MAS.

En realidad, pienso que lo que el gobierno usurpador de Bolivia busca, más que una retaliación o una venganza contra Evo, se trata de buscar una descalificación ideológica, mediante argucias leguleyas. Desautorizar e incapacitar al MAS, y al candidato que representa en los votos, en lo contante y sonante, una amenaza para la continuidad de la usurpación.

No es una represalia hacia el pasado, sino una acometida contra el futuro del país.

E: Ahora, podría decirnos ¿cómo ve el futuro de Bolivia?

JASM: Incierto. Desde luego, el de casi todo el planeta lo es. Sin embargo, en el caso de Bolivia, la incertidumbre hacia el futuro tiene raíces en muchos terrenos.

En el político, está claro que el autoproclamado gobierno de Áñez va a hacer todo lo que esté a su alcance, legal e ilegalmente, valiéndose de maniobras hipócritas o de los métodos más brutales, para no dejar el poder.

La validación de un gobierno ilegítimo, otorgada por algunos sectores de la sociedad, ha supuesto el descarado saqueo de fondos públicos, concesiones y compromisos inaceptables de los recursos, otorgamiento continuo de prebendas, entre otros desafueros, que representan un detrimento afanoso y exacerbado de las arcas del Estado.

Lo cierto es que del círculo mafioso que detenta el poder en Bolivia puede esperarse cualquier cosa, menos la observancia de las normas constitucionales o de las leyes. Las violó de plano para hacerse al gobierno del país, no dudará en hacerlo de nuevo para conservar el mandato.

De llevar a cabo, otra vez, una acción de ese tipo, no será incierto, sino muy sombrío el futuro para la mayoría de los bolivianos, para esa parte de personas que constituye el 80% de la población. Una franja poblacional integrada por indígenas, pobres y demás excluidos, que, con Evo Morales, por primera vez en más de dos siglos de vida republicana tuvo la oportunidad de orientar su propio destino.

Un gobierno ilegítimo en el poder, sea el actual o cualquiera que lo asuma en similares circunstancias irregulares, no será sino la profundización de la inestabilidad y la violencia en el país, y sólo se sostendrá a través de la represión, la persecución de los opositores, la violación incesante y flagrante de los Derechos Humanos, el sometimiento de la institucionalidad y el silencio forzado de los medios de comunicación.

De llegar al poder Luis Arce, el candidato del MAS, las condiciones tampoco serán mejores para el país. Es indiscutible el carácter feroz de los sectores que conspiraron contra el gobierno de Morales y que dieron el golpe, y no van a permanecer de brazos cruzados.

Son inmensos los intereses y capitales en disputa, y Bolivia cuenta con todos los componentes requeridos para que esos grupos criminales de poder intensifiquen la desestabilización social: rivalidades regionales, disputas de clase, racismo y desprecios étnicos, intolerancias religiosas, morales cristianas farisaicas, narcotráfico, delincuencia organizada.

Y a todo esto se agrega un elemento que no es complementario o suplementario, sino que es el factor, la variable determinante: que lo que acontece en Bolivia es arte y parte de la contienda por el dominio económico, comercial, geoestratégico y tecnológico mundial.

Las negociaciones adelantadas y los contratos firmados por el gobierno de Evo Morales, en diversos campos y en la búsqueda de un desarrollo conjunto, con empresas, sobre todo, de China y Rusia, ahora se acondicionan para que sean explotados por firmas estadounidenses. Unas concesiones obvias a cambio de conservar un poder que es anticonstitucional adentro e ilegítimo afuera.

 

E/NL

 

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